La voz no pertenece a quien sostiene el lápiz. Pertenece a quien reconoce la verdad cuando aparece. Borges dijo que todos los escritores son un solo escritor que se expresa a través de muchos hombres.
No
me defiendo, no lo oculto, mi único camino libre es base y es síntesis y es
integración, afino instrumentos, como el trombón toca el viento en el umbral. Limpio
los espejos que ya viven en mí.
Hay
tránsitos que no son emocionales, son ontológicos porque tocan identidad,
porque percibes desde la presencia coherencia personal entre tu diseño y el
pulso colectivo.
Saturno
y Neptuno, dos colosos, se juntan. Reconozco su idioma por estar allí. La
inocencia puesta a prueba se hace adulta, no crédula sino consciente.
Se
alinean sincronías silenciosas para aceptar la grandeza del momento.
El 20 de febrero de 2026 en su encuentro y no precisamente fuera de mí en el mismo
lugar, también umbral, donde nace esta mirada que la luna amplifica y sana, testigo
a las 0:45h, de las resonancias existentes me permito destilar las frecuencias de este momento:
Saturno,
la limitación, llega con su mano firme, no para castigar, sino para pedir
verdad, para dar estructura espiritual.
Neptuno,
el nebuloso, llega con su aliento invisible, no para confundir, sino para
recordar lo eterno, para abrir la percepción.
Y ese preciso instante es en el grado cero de Aries, no poca cosa, donde nada ha sido todavía y todo es posible, donde una semilla germina en otro comienzo.
Ese
punto no es un lugar en el cielo es un punto en mi
consciencia.
Porque
mi naturaleza conoce esa frecuencia. Está inscrita en mí como un fuego
silencioso: la inocencia que no necesita defenderse, el amor que no necesita
justificarse, la presencia sensible que no necesita imponerse.
Me
ha costado años saber que la inocencia no es ignorancia. Es lo que queda cuando
las defensas ya no son necesarias. ¡Y vaya si me he defendido!
Saturno
viene ahora a preguntarme:
—¿dónde
sostienes todavía lo que ya no eres?
Neptuno
viene a susurrarme:
—¿dónde
olvidaste que ya eres lo que buscas?
Y
no hay conflicto entre ellos. Hay una alianza. Uno limpia la forma. El otro
revela la esencia.
Mi estructura, con sus ciclos, sus sombras y sus aperturas, no es un obstáculo. Es el recipiente. La vasija (the vessel of love) que el tiempo ha ido moldeando a través de pérdidas, comprensiones y silencios.
Cada experiencia ha
retirado una capa de ruido. Cada decepción ha afinado mi capacidad de ver sin
distorsión.
No
estoy aquí para convertirme en algo nuevo. Estoy aquí para dejar de sostener lo
que nunca fui. La puerta que habito no exige esfuerzo. Exige transparencia.
No
salvar. No convencer. No intervenir.
Solo
estar. Pero estando bien, para ser.
Porque
la presencia coherente transforma sin actuar. La verdad encarnada ordena sin
imponer. El amor esencial no persuade: revela.
Este
inicio no me pide que busque un propósito. Me pide que sea el espacio donde el
propósito se manifiesta por sí mismo.
No
necesito anticipar lo que vendrá. Necesito permanecer disponible.
Como
el cielo que no retiene las borrascas. Como la tierra que se empapa y no
rechaza cuando la cubren las lluvias. Como el fuego que no duda de su naturaleza
al arder.
Saturno me da raíz, Neptuno me da amplitud.
Y
en ese punto exacto donde ambos se encuentran, donde aparece la verdad, yo
reconozco que siempre ha estado aquí. No el que fui. No el que imaginé ser. Sino
el que permanece cuando todo lo demás se disuelve.
Y desde ahí, en silencio escuchando, miro y nada más necesito saber...
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Semana del 18/02/2026 al 24/02/2026
Sol en puerta 55
Puerta 55 La abundancia. Espíritu
La abundancia es estrictamente una cuestión de espíritu
Diseño Humano. Lynda Bunnell y Ra Uru Hu
55ª clave Genética: El Sueño de la Libélula
Sombra: Victimización. Don: Libertad. Siddhi: Libertad
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