viernes, 29 de abril de 2011

los sentidos

La persona que sabe ve lo que otros no ven, escucha lo que otros no oyen, aprecia el roce como manifestación de amor, respira mas allá de las fragancias para imbuirse de vida. 

Hoy en día nos quedamos en la superficie de todo. Sus brillos nos seducen y se escapan siempre. Mientras yo quiero atrapar los sentidos ir más allá, abrazar lo etérico.

A mi padre le gusta más la montaña que el mar, allí, inhala, siente y encuentra más cosas. Y cuando no le queda más remedio que veranear en la playa, siendo como es un artista, escudriña hasta el último rincón de la playa en busca de piedras y conchas arrojadas devueltas por el mar. Puedo asegurar que ve, lo que otros no ven. Y lo ve y lo coge porque sabe que mirar. Y con ellas crea.

Mientras los demás atrapan el sol para de forma fugaz aparentar salud.

Hoy no escuchamos. Hace poco hicieron un experimento con un genial violonchelista. Lo pusieron en el metro en una esquina. En toda una mañana sólo se pararon dos personas.

El que escucha percibe lo que otros no oyen.

La gente en general va con orejeras inmersos en su ego. Caminan no se sabe muy bien a donde atrapados en el día; al trabajo, a la compra, a recoger a los peques del cole, a comer, vete a saber. No está en su interés escuchar.

Una persona especial,  Amma, va a Barcelona.  Ella abraza, solo abraza y al tocar siente y te hace sentir. Hoy sólo abrazamos a los niños, los nuestros, y nos tocamos poco y sentimos poco. 

El roce hace el querer y lo ignoramos. 

Centramos olores y sabores, en lo superficial, como manifestación de sentimientos, fragancias agradables y desagradables, lo dulce y lo salado, olvidando lo que significa respirar, inhalar la vida, alimentarse de ella a pleno pulmón. La falta de visión nos ayuda a percibir. Cuando el ruido del día a día nos ensordece nos alejamos de la visión y escucha atenta. 

Cuando no nos excedemos y nos olvidamos de sentir el roce nos alejamos del sentimiento del amor. 

Todos principios de polaridad, excesos y carencias tratando de equilibrarse.

Pongo el foco en la espiritualidad por eso miro y escucho lo que otros no ven ni oyen. Mi creencia, mi camino hacia la sabiduría, como camino de autoconocimiento que representa dejar de buscar “fuera de mi”, dejar de atraparme por el oropel  aparente y fugaz de estos tiempos y tratar de adentrarme al interior para conocer y encontrar todo aquello que hay en él.

Tratar de encontrar la verdadera esencia. 

Desde esta creencia  interior, miro, escucho, rozo, en al ámbito de mi experiencia, lo que otros no ven, oyen o cogen, porque creo en la experiencia de los sentidos. Y me como la vida amando, respirando,  que no me quiero perder detalle, que antes que ella me devore expirando, yo ya la habré mirado, tocado, y degustado y sentido, cual éter imaginado...




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