domingo, 27 de abril de 2014

zarandeado por la vida

“Cuando hay una contradicción entre lo que crees y lo que  ves hay un nuevo conocimiento por descubrir”
Jorge Wagensberg


Zarandeado por la vida, agarrado a los lados del barco a lo que puede y permanece estable, en un vaivén de equilibrios lejos de marcar un rumbo, los agitados elementos hacen y deshacen a su antojo. 

Así de expuesto  se encontraba, así a la deriva navegaba, bastante tenía con no caerse, para que pensar donde ir, así transcurrieron muchos años pasados, casi todos, salvo los de su infancia. 

En esto que transcurrido un tiempo, no hará mucho, a la tempestad le dio por tranquilizarse y se hizo la calma. El viento dejo de soplar agotado sin lograr sus propósitos y el vaivén inicial de las olas dejó paso a la más calmosa y expectante incertidumbre. Se permitió entonces girar 360 grados por primera vez en mucho tiempo. 

Lo único que divisaba era un horizonte ligeramente curvo límite de un juego de azules matizados a cada hora del día de tonalidades diferentes a capricho de un sol de justicia que se desplomaba lentamente  con el paso de las horas. 

Poco soplaba el viento y poco o nada le importaba. De hecho por vez primera en mucho tiempo disponía de tiempo para pensar y repasar la situación hasta ahora vivida, para hacer balance de lo vivido y experimentado. Como si la nueva situación permitiera tomar las riendas que enderezasen lo que nunca debió de haberse torcido. 

¿Falsa expectativa? El futuro decidiría.

Sintió que, tal vez, el viaje iniciado llegaría a buen puerto, o al menos a terreno firme. Una ligera brisa marcó un rumbo a seguir a su favor. Sólo había que decidirse por reanudar y colaborar en la misma dirección, dirección por cierto que creía conocer bien y que la tempestad por momentos impidió se alcanzase. Era el momento indicado para comenzar de nuevo.

Si Todos los viajes debieran tener una mínima planificación o guion, tal vez  el suyo estuvo previsto así, o tal vez pecó de ingenuo y no previó que las fuerzas de la naturaleza se soliviantan porque es lo suyo, pero pese a no saberlo, ahora podía empezar a reescribir un camino, porque la única realidad, la única y dura realidad del tiempo presente es que hasta ahora nunca pensó que los viajes, aun conociendo su destino, había que planificarlos. Esa es la única forma de llegar a buen puerto.

El Tao, la vía y el gran camino se pueden conocer. Y prepararse para afrontar las adversidades es lo mínimo que se ha de prever. Deberíamos aceptar que el conocimiento es tan sólo ese punto intermedio entre la realidad y nuestra percepción, o no pocas veces, absurdo e ignorante punto de vista que nos hace navegar con demasiada frecuencia a la deriva.




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