lunes, 19 de mayo de 2014

masa crítica

Mayo de festejos de "uefas" y ligas, próximos de "champions", alegrías y dolor para las muchedumbres de ciudades que ven ganar o perder a sus equipos. 

Yo también me incluyo, aunque me reconozco con la edad más distante y más crítico. En mi juventud jugaba por el placer de jugar. Nunca me gustó la competición. Ahora con el tiempo sé por qué. Puede parecer exagerado pero el fútbol, y el deporte de competición en general, aparte de ser juegos, no dejan de ser acontecimientos agresivos. Es lo que tiene en si la misma competición y/o el posicionamiento que tengas a favor o en contra, tanto lo practiques como lo observes apasionadamente siguiendo a tus colores, desatándose encontradas y no pocas absurdas emociones. La derrota se vive de forma ridícula, sólo es un juego, en solitario y la victoria igual de ridícula, la observo a través de la pantalla en ciudades donde se festeja en muchedumbre. Respecto a esto:

«El individuo en muchedumbre adquiere, por el solo hecho del número, un sentimiento de poder invencible que le permite ceder a instintos que, solo, hubiera seguramente refrenado. Esta falta de freno se dará tanto más cuanto el anónimo de la muchedumbre sea mayor, porque como el anónimo implica la irresponsabilidad, el temor, el sentimiento de la responsabilidad que siempre retiene al hombre, desaparece enteramente». Gustave Le Bon

Que este mundo es feroz y competitivo lo sabemos todos. Desde pequeño se te prepara para que aceptes que la vida se te va a presentar en toda su crudeza con las mismas premisas de cualquier deporte competitivo, por eso aunque he oído discursos recalcando los valores del esfuerzo del humilde frente al todopoderoso, del partido a partido, del sí se puede, bajo mi particular y personal visión seguimos perdiendo el norte desde el momento que aceptamos reglas de juego ya de por si desiguales, como no sea por ejemplo que el presupuesto de los clubs grandes quintuplica en el caso del fútbol al del campeón de este año el atléti. En este caso, a base de un esfuerzo  con el que desde un posicionamiento de inferioridad te identificas, si se puede, pero por lo general no se puede. 

Toda desigualdad es un acto de agresión.

Cambio de tercio aunque todo está relacionado sobre una afirmación que sigue vigente. Se siguen buscando 144.000 almas isotópicas puras que vibren en la frecuencia del amor para conformar esa masa crítica, no muchedumbre, o sí, si se adquiera ese sentimiento de poder invencible, que saque a la humanidad del estado de estupidez permanente en que se encuentra y que provoque la tan esperada fisión y reacción en cadena. El problema es que se deben abstener aquellos que se dedican consciente o inconscientemente a agredir a otros, prácticamente, me temo, aunque sólo sea por algo tan conocido y presente como que en el deporte de competición no deseas ni en pintura la victoria del contrario, casi del todo imposible, no te digo ya en otros temas.

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