miércoles, 5 de abril de 2017

mens

Tiene la mirada ajustada al punto de mira. Con luz diurna sus ojos de gato se ocluyen y silencioso, se posa al lado de menesterosos que le relatan vidas partidas. Sabe adaptarse y camuflado de él mismo, porque no necesita disfraz alguno, necesitado de confirmar sinrazones de existencias, sabe escuchar. También afina a regañadientes mezclado en boatos con dirigentes y adinerados de clase alta y nula sesera, pero de esos no necesita aprender nada porque ya los conoce. 

En noches urbanas de casinos, callejuelas y bares, sus ojos adiestrados eclosionan midiendo distancias, buscando vidas. Sabe quiénes juegan y porqué juegan, conocedor de la condición humana, donde el juego inmisericorde es, a suma cero, porque él también ha estado delante de frontones y tapetes verdes. Le atrae esa triple mezcolanza de curiosidad, perversión y ambición que igual desemboca en orgasmos de adrenalinas victoriosas, que te hunde en abisales derrotas, todas regadas hasta el alba por Baco. 

Confirmó paralelismos en ello viajando por estos mundos de forma frenética, conociendo lugares exóticos, personajes anónimos y no tan anónimos. Le gusta la ciencia de la comida pero la entiende lejos de laboratorios moleculares. 

Ahora cojea un poquito, anda despacio y persigue en vida por confirmar, aunque no lo necesite,  que quienes recepcionan informes y súplicas, son seres de luz que circulan por densidades cercanas observando esta microscópica rareza del universo que es el ser humano. Él los llama Ellos. Ellos y él aquí, presentes, siempre con la palabra justa que da la edad y la experiencia. Pero sobre todo  enseña. 

Sea su mundo diegético o mimético, qué más da, por encima de todo ama la literatura, suspira por parágrafos de libros leídos y salvaguarda catálogos escondiéndolos en bibliotecas cercanas. Le enerva la mediocridad lo que le trae recuerdos no comprendidos y a no sé cuántos euros el gramo de escritos en el canon de los elegidos, aunque de vez en cuando anuncie distancias, como buen jugador, en esta vida que en el fondo sólo es un juego, vuelve.

Él se llama mens.

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