domingo, 9 de diciembre de 2018

construyendo croquetas iluminadas

Encadenó preguntas y respuestas tratando de racionalizar, una vez más, lo vivido. Un háblame y dime, conversación absurda imaginada consigo mismo:

—¿Qué es la magia? —Y buscó su definición porque quería ser preciso: —"Es el arte o ciencia oculta con que se pretende producir, valiéndose de ciertos actos o palabras, o con la intervención de seres imaginables resultados contrarios a las leyes naturales" —leyó, con seguridad.

—¿Y la ley natural? —"Se llama ley natural a una ley de la naturaleza o ley física que postula que los objetos físicos tendrán un determinado comportamiento bajo unas condiciones dadas".

—¿Y un objeto físico? —Verás, simplemente es un cuerpo agregado de muchas partículas que denominamos materia.

—¿Y quienes, son los magos? —Querido e inquieta contraparte mía: ¡Son los que conocen o practican la magia!

—Una pregunta última: —¿Que precisan los magos para hacer su magia? —Tan sólo, continuó, precisan de tu atención y asombro…

En su pensamiento intervinieron seres queridos que ya no estaban. El resultado que se produjo aún no sabía si era contrario a las leyes naturales. Si era tan sólo una vaga pretensión mezcla un tanto rebuscada de su fértil imaginación o una palpable realidad porque existía y se produjo. Lo que sí ocurrió es que entre su visionado (aunque resultase producto de un programa televisivo) más un agregado y crujiente manjar cocinado ese mismo día, transcurrieron hechos referenciados de hacía un año donde incluso la hora tendría su puntual importancia.

Asociaciones en las que extraería alguna lección que aprender.

Ese “por encima”, “awareness” anglosajón de la psicología Gestalt o “darse cuenta”, de ser consciente de algo, era la magia visible tan cercana a lo sobrenatural como presente y esquiva desde la distracción que le acompañaba desde hacía tiempo.

No, no era una cuestión de maquillajes, de averiguar dónde está la trampa, de romper encantamientos. Si presintió, de, sin cerrar ojos y no dando crédito sucumbir a aquello que se nos escapa. Pero más importante extraer, si lo hubiere, algún aprendizaje mostrado y contarlo:

El cocido se trasladó un par de días. Había estado previsto para el jueves, pero ni su hija, ni él mismo comían ese día en casa. Se pospuso al sábado donde si estaría reunida la familia. Y Al día siguiente domingo comerían como un ritual análogo a otras ocasiones el menú servido compuesto de la sopa y croquetas del sobrante de la “pringá”

Por la mañana antes de ponerse a cocinar (o más bien a rebozar) le dio por mirar un canal autonómico de televisión. Apareció ante sus ojos el pueblo de su abuela: Puente Genil. Una reportera entrevistaba a un paisano sobre la apabullante iluminación navideña desplegada por sus calles.

A mediodía liando las croquetas le fue inevitable acordarse de su texto “custodias”. Es evidente que la emisión de las imágenes tuvo mucho que ver. Las croquetas de la abuela —recuerdos de su infancia— cruzaron su mente invadida de aromas nostálgicos felices entre palmeras al pie del jardín del tropezón

"La nostalgia es conciencia del pasado, potencia poética, fuente de donde manan las posibilidades creadoras...." Barragán.

Al acabar de freírlas releyó el texto. Justo hacía un año exacto de su publicación marcada a las 21:30h.

Ya por la tarde en el descanso del partido de la final de las finales de los libertadores entre River y Boca, precisamente a esa hora, se cruzó un documental en otra cadena donde se repasaba la vida y obra de otro arquitecto universal cómo Barragán: Oiza. El escritor Borges tan argentino e irónico a reflujo de la pasión exacerbada con la que viven sus congéneres el fútbol, seguro no hubiese dudado que programa ver...

La magia, al igual que el arte, que la ciencia, seguramente sean conocimientos adquiridos bien por la práctica o transmitidas, encaminadas cómo dijo Diomedes, el héroe aqueo, en el S. IV adc. a alguna utilidad necesaria para la vida.

Tú la creas, aunque sólo sea porque en tu imaginación decides dar un sentido a lo experimentado y te asombras como en un juego en su disfrute. Vigilado o vigilante eres testigo cuando con ojos dilatados te sobrecoge y admiras. Y la vida precisa de ella, de usarla, porque sirve. Y ya sea, vista u oculta, aparezcan o desaparezcan momentos, nos enseña.

El aprendizaje, reflexión a posteriori decidió que mostraría esto:

Se custodia, salvaguardan, alimentos que por amor entre iguales de seres queridos se reparte. Un amor cimentado con cuidado y esmero a la vez iluminado nos recuerda una lucha: 

La de la libertad y presencia del Ser. 

Que, por el despertar de la consciencia al igual que el arquitecto que levanta edificios que albergan vida, que llenan de belleza el vacío, anuncian llamadas referenciadas, construidas al margen de tiempos lineales y leyes naturales. 

Donde se reinician canales precisos, se muestran como resultado hilos invisibles, conductores de sorpresas, ilusiones, magia que, aun yendo a contracorriente en esta objetiva realidad acompaña y nos ayuda a entender en parte qué, y quienes somos.



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