viernes, 2 de octubre de 2020

I stand at your gate

Retomo lo que sigue a continuación: Este escrito. Se había detenido hace unos días. Se inició en verano, pero no se cerró. Seguía su propio orden. Un orden acompasado que ahora comprendía y que reclamaba su entendimiento. 

Ya reposado, cambio los tiempos verbales y me dejó ir.

Veo la mesa de cristal apoyada en dos borriquetas de madera. Espera fija. Tan fija como la descripción de su entorno: El flexo modelo “Tolomeo” está encendido e ilumina su superficie. La mesa se ubica casi a norte. Un ordenador se ha iniciado. A la derecha hay una librería en madera de teka con un aparato de música. Hago un inciso, suena de fondo "La Voz". Interpreta “Moonlight Serenade”. A la izquierda una cómoda y un poco más arriba el baño. Delante tras la pared un vestidor, detrás la cama y al fondo una ventana. Las paredes lisas y blancas. El suelo de tarima de madera. Y en el techo un ventilador que hace nada aliviaba las tardes calurosas de verano:

Mi habitación.

Hoy llueve, hace viento y la temperatura ha descendido. Me siento, sigo escribiendo, paso de ser observador, de describir mi entorno, a observar el ritmo de la vida. Será que es dos de octubre y la luna llena en apogeo de ayer iluminada, dando respuestas, me permiten un paréntesis de creación. Lo aprovecho y doy forma.

Anoche forjé la idea y tras un sueño, de madrugada cerrada, desperté envuelto en él. Por familiares los caminos a baño y cocina no encendí las luces. Es terreno conocido y sabes cómo orientarte y no perturbar el descanso de con quien convives. No significa que no puedas tropezar, hacer ruido. Tanteas, pruebas si alguna puerta permanece cerrada, o si perdido el norte te desorientas brevemente y yerras tu camino. Basta palpar algún mueble o entrada para redirigido llegar a destinos silenciosos que no molesten a nadie.

De día creemos verlo todo, el Sol apaga flexos si el día es luminoso y otras veces las lámparas se encienden en días cerrados de nubes amenazantes grises y compactas. Hay días que corres a ninguna parte y hay días tranquilos de serenatas límpidas ocultas por nubes que no impiden ver con claridad.

La luna recorre las horas de cada día transitando por nosotros, llamando, pulsando timbres, y a veces con el nudillo, golpeando las puertas de nuestras habitaciones.

I stand at your gate” canta Sinatra. 

Aproximadamente algo más de un cuarto de millón de seres humanos nacen en un día cualquiera de los 365 días del año.  En tan sólo un día, unas horas, con mínimas diferencias la vida despliega su mágica y universal manera de pulsar ritmos, de hacernos diferentes, tan distintos, tan iguales, unos de otros. Su flujo iniciado es tan continuo como el mío o el vuestro cuando lo sentimos de verdad.

Nuestros tiempos, movimientos marcados, como la vida misma en su periodicidad marcan los suyos. La humanidad trata de amoldarse a ellos. Paradas, pausas, prisas, y pisadas firmes, objetivos que nos marcamos y objetivos que no alcanzamos. Y un único objetivo por verdadero:

Ser tú.

Hoy estoy con mi puerta, en este instante y ahora te incluyo y te hago vivible para que fluyas, para que cumplas la alegría de este propósito. Me lo dicen mis lunas en una serenata en un día cubierto, pero enormemente claro. Tan claro y sereno como una serenata de amor. Mañana, o quizás tan sólo dentro de unas pocas horas, el ritmo mágico de la vida traerá y referenciará otras experiencias, vivencias, y aun en el mismo día, el día será otro día.


Música: Glen Miller. 
Letra: Mitchell Parish
Cantante: Frank Sinatra 
Canción: Moonlight Serenade



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