jueves, 10 de septiembre de 2020

exprimiendo jugos

El valle era atravesado perpendicularmente por la N-502. Una arteria que comunicaba algunos de los pueblos de la comarca. Carretera poco transitada en su descenso a una planicie moldeada de encinas, olivos y campos amarillos, los pastizales (era verano) definían un paisaje muy familiar.

Su modificación natural lo conocía bien y obedecía a patrones invariables de comportamientos repetidos en el tiempo; En Otoño, es la paz y la tranquilidad lo que el paisaje transmite a ambos lados de la carretera, e intuyes que los animales inician sus ciclos de reproducción. En invierno, las brumas y nieblas se despejan tardíamente y a mediodía colman de reflejos brillantes y humedad el valle. En primavera, los pastizales cambian a verde y la ganadería diseminada pasta plácidamente entre olores a naturaleza en explosión.

Si los pueblos permanecen más o menos inalterables, o al menos concentrados en su crecimiento, los desguaces de coches a las afueras, cómo queriendo zafarse de su destino, avergonzados cómo excrementos impúdicos, perturban la modificación del paisaje y quietud de la naturaleza conocida. Los cementerios de chatarra, ordenadas en dos alturas, despojadas de su identidad (sus matrículas), sin sepultura, progresan con capacidad, o más bien amenaza, de piezas desguazadas recicladas de exprimirse más allá de sus vidas y volver enganchadas a otros coches.

Fue en Barcelona en una boda de un compañero hace cinco lustros. Decidimos regalarle entre varias cosas el famoso exprimidor de cítricos de Philip Stark. Un artefacto de tres patas no se sabe muy bien si tipo calamar extraterrestre o arácnido con abdomen estriado, adecuado de regalar a la pareja (ambos arquitectos) que estas cosas nos ponen y aciertas seguro.

Posiblemente el exprimidor sea uno de los diseños industriales más famosos. Funcionalmente imposible, criticado por dejar caer las semillas en el vaso que se posiciona debajo, escultóricamente impecable por la plasticidad de sus formas se concibió en un restaurante en una servilleta (expuesta en el MoMa de New York) mientras su autor comía calamares y exprimía tanto sus neuronas, cómo un limón con su mano.

El aspecto, forma, funcionalidad, utilidad y durabilidad, entre otros, cómo creaciones ideadas desde la imaginación nacen prefiguradas en la mente del creador persiguiendo la solución a algún problema concreto. Lo llamamos diseño y su contexto varía y abarca innumerables disciplinas. Se diseñan carreteras y coches, exprimidores inútiles y mil cosas más, para un fin específico que se establece de antemano y trata de hacernos, se supone, la vida más fácil.

Que la creatividad es un constructo lo sabe la psicología. Que los humanos (nosotros) fuésemos un constructo (máquina biológica) ideado por una mente o mentes superiores o  nosotros mismos, respondiendo desde un determinado aspecto o forma, de forma idéntica a la definición de diseño, a una funcionalidad, utilidad y durabilidad persiguiéndose soluciones a problemas concretos, de forma organizada (lo que se denomina sistema) no deja de ser una posibilidad, mecanicista, pero una posibilidad.

Posibilidad real sólo si además entiendes de ti, lo fundamental que es que significa portar en lo más dentro tu Ser: Tu molde original, a qué propósito obedecemos, y porqué será que no nos quede claro si en nuestra evolución perseguimos algún fin. Si aun causando, expresándonos, empujando a otros o tan sólo impactando, exprimimos al máximo los jugos de la vida o desde nuestras vidas, porque nos exprimen, alimentamos a otros o a algo.

No sé tú, yo respondo a una representación de mí, donde también me exprimo, no siempre con la consistencia de lo que muchos creen que es la verdadera realidad, pero si en muchos aspectos, cuando me aclaro, con la convicción de que desde mi imaginación, mi ilusión o mi subjetiva realidad sensible, pero sobre todo desde lo que experimento, puedo además de amar la vida, a la humanidad, a mi cuerpo y a mi propio comportamiento, disponerme a iniciar y también aventurarme a abrazar tanto a bellos exprimidores imposibles de usar que nos alimentan de otros modos, cómo a preguntarme porque no sepultamos con dignidad, sin alterar la naturaleza, a los vehículos que nos llevaron por los valles de la vida y que desbordados en diseños obsoletos, aun reusando sus piezas, no sabemos bien cómo ocultarlos y qué hacer con ellos.

Aunque la pregunta que hay que hacerse es:

¿Qué problema hay, que no sabemos, que precisa de nuestro específico diseño en nuestra existencia?

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